
Al principio, no le hice caso. Para mí, Eminem era otro rapero blanco tratando de ser cool… y bien charro. Pensaba que era otra movida de la industria empujándonos un nuevo Vanilla Ice. Lo subestimé por completo. Pero todo cambió el día que mi pana Macho me dijo: “Papi, escúchate esta.” Me puso Guilty Conscience.
Vi el video y ahí fue el switch.
Primero fue la pista, después el concepto. El hecho de que lo estaba produciendo Dr. Dre ya hablaba por sí solo. Pero más allá de eso, me sorprendió lo que estaba diciendo. No era el típico fronteo. Estaba hablando desde su realidad como hombre blanco, sin privilegios, sin inventos. No era algo con lo que me identificara directamente, pero lo sentí real. Y eso vale más que sonar “cool”.

Después de eso, vino el disco que me marcó: The Marshall Mathers LP. Todavía recuerdo cuando lo compré y lo escuché completo por primera vez. Desde ese día, Eminem dejó de ser un artista más para mí y se convirtió en una referencia. Y si tengo que escoger una sola canción que me haya explotado la cabeza, sería The Way I Am.
El flow, el beat, el delivery, lo que decía. Ese piano, ese ritmo, la forma en que rimaba siguiendo el arpegio. Esa actitud de “I am whatever you say I am”... La agresividad con intención. Todo eso me marco.
Hoy día, no importa si hago rap en otro idioma o en otro contexto. Eminem está en lo más profundo de mi ADN musical. De él aprendí a cuidar cada palabra, a pensar en el ritmo interno de las sílabas. Incluso sin saber que él producía ciertos beats, me sentía más conectado con ese tipo de sonido. Después me enteraba que eran de él, y todo hacía sentido.
Nunca he hecho un homenaje directo. Pero no tengo que hacerlo. Está presente cada vez que escribo. El juego de palabras que cargo lo aprendí observando lo que hacía él. De hecho, en algún momento tuve que bajarle, porque sentía que el público general no entendía lo que estaba haciendo. Era demasiado técnico, demasiado estructurado. Y eso a veces frustra. Pero ya ni me molesto. El que entienda, que entienda.

Cuando entro en tiraeras, Eminem es uno de mis referentes, pero no es el único. También están Cosculluela, 50 Cent, y otros más que han marcado la historia del género. No es solo que me pregunto “¿Qué harían ellos en esta situación?” — me siento a escuchar sus tiraeras, las estudio, las analizo una y otra vez. No es copiar lo que hicieron, sino entender su enfoque, su estrategia, su estructura... y de ahí sacar lo que me toca hacer a mí, de la forma en que solo Mayor Yasin puede hacerlo… pero sin copiar. Porque algo que sí me marcó de él es que no seguía la corriente. No quería parecerse a nadie. Yo tampoco.
No somos iguales. No rapeamos igual. Ni venimos de los mismos sitios. Pero cuando se trata de respetar la palabra, de cuidar la línea y de no sonar como la copia de la copia de alguien más… en eso sí nos parecemos.