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Influencias: Jarabe de Palo – A veces la vida te da Jarabe… y a veces te da Palo 

La Flaca sonaba por todos lados en Puerto Rico. Pero quien de verdad me tenía escuchando a Jarabe de Palo era mi primo Víctor Manuel. Él era fanático de ese grupo —o más bien de Pau Donés, porque siendo real, nadie se acuerda de otro nombre de esa banda.

En ese tiempo, el rock en español estaba pegado. Pero lo de Jarabe tenía otro flow. Era como un rock con blues, con otro swing. Distinto a todo lo que estaba sonando. La voz de Pau, las guitarras… uno sentía que no era la misma fórmula. Era algo con identidad.

La canción que me marcó fue La Flaca. Tal vez porque fue su palo más grande, o tal vez porque, bueno… me gustan las flacas. Pero fuera de relajo, ese tema tenía algo especial. No sé si era el mood, el delivery, o ese flow entre calle y poesía que tenía Pau. Pero se quedó conmigo.

Y aunque mucha gente no lo note, esa influencia está en mi ADN musical. Tal vez no la pilles de primera, pero si prestas oído a ciertas instrumentaciones o a la forma en que mezclo géneros, puede que te des cuenta.

Le rendí homenaje en mi estilo. Hice un cover de La Flaca con salsa, bolero, reggaetón y hip hop. Y aquí viene lo loco: en un Spotify Wrapped de artista, me salía como si yo hubiera colaborado con Jarabe de Palo ese año. Al principio pensé que era un bug, pero después encontré que parece que alguien del equipo —o el mismo Pau, ojalá— compartió mi versión. Spotify lo leyó como colaboración. Nunca sabré si fue él. Pero me gustaría creer que sí. Que lo escuchó. Que le llegó. Que lo aprobó.

Yo no hago lo mismo que él. Pero hay algo que sí compartimos: hacer muchas cosas solo y que parezca que fue una banda entera. A veces soy yo metiéndole a todo, y luego algún pana mete un instrumento extra. Pero el concepto es ese. Completo, real, con esencia.

No somos iguales. Él vino del rock, yo del rap. Pero los dos hacíamos música con sentimiento. Y eso, para mí, es lo que cuenta. No sonar igual. Pero dejar huella igual.

Influencias: Eminem - Somos lo que sea que digan que somos 

Al principio, no le hice caso. Para mí, Eminem era otro rapero blanco tratando de ser cool… y bien charro. Pensaba que era otra movida de la industria empujándonos un nuevo Vanilla Ice. Lo subestimé por completo. Pero todo cambió el día que mi pana Macho me dijo: “Papi, escúchate esta.” Me puso Guilty Conscience.

Vi el video y ahí fue el switch.

Primero fue la pista, después el concepto. El hecho de que lo estaba produciendo Dr. Dre ya hablaba por sí solo. Pero más allá de eso, me sorprendió lo que estaba diciendo. No era el típico fronteo. Estaba hablando desde su realidad como hombre blanco, sin privilegios, sin inventos. No era algo con lo que me identificara directamente, pero lo sentí real. Y eso vale más que sonar “cool”.

Después de eso, vino el disco que me marcó: The Marshall Mathers LP. Todavía recuerdo cuando lo compré y lo escuché completo por primera vez. Desde ese día, Eminem dejó de ser un artista más para mí y se convirtió en una referencia. Y si tengo que escoger una sola canción que me haya explotado la cabeza, sería The Way I Am.

El flow, el beat, el delivery, lo que decía. Ese piano, ese ritmo, la forma en que rimaba siguiendo el arpegio. Esa actitud de “I am whatever you say I am”... La agresividad con intención. Todo eso me marco.

Hoy día, no importa si hago rap en otro idioma o en otro contexto. Eminem está en lo más profundo de mi ADN musical. De él aprendí a cuidar cada palabra, a pensar en el ritmo interno de las sílabas. Incluso sin saber que él producía ciertos beats, me sentía más conectado con ese tipo de sonido. Después me enteraba que eran de él, y todo hacía sentido.

Nunca he hecho un homenaje directo. Pero no tengo que hacerlo. Está presente cada vez que escribo. El juego de palabras que cargo lo aprendí observando lo que hacía él. De hecho, en algún momento tuve que bajarle, porque sentía que el público general no entendía lo que estaba haciendo. Era demasiado técnico, demasiado estructurado. Y eso a veces frustra. Pero ya ni me molesto. El que entienda, que entienda.

Cuando entro en tiraeras, Eminem es uno de mis referentes, pero no es el único. También están Cosculluela, 50 Cent, y otros más que han marcado la historia del género. No es solo que me pregunto “¿Qué harían ellos en esta situación?”me siento a escuchar sus tiraeras, las estudio, las analizo una y otra vez. No es copiar lo que hicieron, sino entender su enfoque, su estrategia, su estructura... y de ahí sacar lo que me toca hacer a mí, de la forma en que solo Mayor Yasin puede hacerlo… pero sin copiar. Porque algo que sí me marcó de él es que no seguía la corriente. No quería parecerse a nadie. Yo tampoco.

No somos iguales. No rapeamos igual. Ni venimos de los mismos sitios. Pero cuando se trata de respetar la palabra, de cuidar la línea y de no sonar como la copia de la copia de alguien más… en eso sí nos parecemos.

Influencias: Guns N' Roses - Porque yo también Uso mis Ilusiones 

Cuando eres chamaquito, hay música que suena de fondo aunque tú no le prestes atención. En el caso de Guns N’ Roses, así fue al principio. Ellos sonaban en emisoras, y en los anuncios de esos cassettes de Monster Ballads que promocionaban los power ballads de la época. Pero te soy honesto: no era algo que me llamara la atención. Hasta que vi el video de November Rain.

Ahí cambió todo.

No fue la música al principio — fue la modelo del video, Stephanie Seymour, que me dejó con la boca abierta. De ahí empecé a ver el video con otros ojos y a escuchar lo que pasaba de fondo. El solo de guitarra en el outro, Slash, el guitarrista tapado por el pelo y el sombrero — un tipo misterioso. Luego, Axl Rose tocando el piano mientras cantaba, algo que no era tan común en el rock. Encima de eso, guitarras distorsionadas, sinfónica, coros... Cada vez que volvía a ver el video, descubría algo más.

November Rain se convirtió en una de mis canciones favoritas. De ahí seguí explorando y terminé metido de lleno en los discos Use Your Illusion I y II. Poco a poco, sin darme cuenta, Guns N’ Roses se fue metiendo en lo más profundo de mi ADN musical.

Uno podría pensar que porque hago hip hop y ellos hacen rock, esa influencia no se refleja. Pero sí lo hace. Tal vez no se nota fácil, pero está ahí. En la forma en que compongo, en cómo estructuro ciertos beats, en la mentalidad que llevo a los videos musicales — hasta en mi voz.

Me pasó una anécdota curiosa. Cuando lancé el video de 3 DE NOVIEMBRE DE 2024, mi primito Yayo me dijo: “¿Tú sabes que tu voz me suena un poco como Axl Rose en algunas partes?” Obvio, la mía es más gruesa, pero me sorprendió que lo notara. Le contesté que sí, que Guns N’ Roses son una influencia para mí.

También les rendí homenaje de forma directa: hice un cover de Don’t Cry en mi álbum El Karimbo En 4Otena. Esa canción tiene armonías tan perfectas que, por respeto, usé el autotune a tope en esas partes. No era por esconder nada, era por dejar claro que esas voces eran imposibles de igualar, y que para lograr ese unísono, prefería mostrar que necesitaba la ayuda de la tecnología. Cuando la parte de Axl va solo en la original, yo también canto sin autotune, siendo yo, respetando lo que ellos hicieron y trayéndolo a mi mundo.

Somos diferentes. Ellos son una banda de rock con disqueras grandes. Yo soy un rapero independiente. Pero el respeto y la influencia están ahí. Y me gusta que en géneros tan distintos, a veces el público ni se da cuenta de dónde vienen ciertas cosas que aplico en mi música. Eso me parece perfecto.

Al final, eso es lo que significa tener una influencia real: no es sonar igual. Es llevarla en el ADN y dejar que aparezca cuando tiene que aparecer.

Influencias: Snoop Dogg – D. O. G. G. 

No sabría darte una fecha exacta de cuándo escuché a Snoop por primera vez. Lo que sí sé es que, desde que tengo uso de razón, él estaba presente de una forma u otra. Sea porque los muchachos del barrio lo tenían sonando, o porque aparecía en algún video de MTV, Snoop ya formaba parte del ambiente.

Poco a poco, mientras yo empezaba a prestarle más atención al flow de los diferentes raperos y al nivel lirical que traían, él fue ganando terreno hasta convertirse en uno de mis favoritos. No fue su voz ni su imagen primero — fue lo que decía, cómo lo decía, y lo que representaba.

Snoop venía de Long Beach, California. De otra cultura, sí. Pero al final del día, también del barrio. Y cuando uno viene del barrio, hay cosas que se entienden sin tener que explicarlas mucho. Él representaba a los Crips, su zona, su estilo, su sistema de códigos. Nosotros acá en PR teníamos los nuestros, distintos en muchas cosas, pero iguales en lo esencial: respeto, calle, identidad. Él se vestía como los suyos. Nosotros como los nuestros. Pero todo tenía sentido.

Mi conexión con su música se solidificó desde el disco 2001 de Dr. Dre, donde su presencia fue clave. Y aunque su trayectoria tiene altos y bajos como cualquier artista con años en la industria, para mí, The Last Meal sigue siendo probablemente mi disco favorito de él. En ese punto ya no era solo un artista que escuchaba — era parte de mi ADN musical.

De hecho, Snoop Dogg fue parte de lo que moldeó incluso mi identidad como artista. Cuando yo era flaco, tenía el pelo largo, trenzas y bandanas. Yo era menor de edad, pero ya tenía un negocio: El Friquitín. Un día, mi pana Rubio me ve y me dice: “Yo, you look like a light skin version of Snoop.” Yo le contesto sin pensarlo: “But I’m not Snoop Dogg, I’m the Madd Dogg.” Y así nació el nombre artístico Madd Dogg, que usé durante años. Eso no fue casualidad.

Y si hablamos de homenajes directos, está claro que Jálale el Gatillo en El Karimbo En 4Otena es un tributo tanto a Snoop como a Dre. Esa canción tiene su propia historia, y como todo lo que merece respeto, será contada en su debido momento.

Yo no hago lo mismo que Snoop Dogg. Pero sí hago hip hop. Compartimos ese punto de partida. Somos distintos, claro: distintos contextos, distintos ritmos, distintas culturas. Pero cuando escuchas lo mío, si afinas bien el oído, hay una parte del alma de Snoop que corre por ahí. Porque la música de él también vive en lo que yo hago.

Influencias: Ricardo Arjona – Letras con Historia 

Descubrí a Arjona sin buscarlo, casi por accidente…
Mi tío Kike le regaló un cassette a mi mamá para su cumpleaños. Ella, trabajadora incansable, apenas sacaba tiempo para sentarse a escuchar música. Así que yo, sin pensarlo mucho, se lo ponía para que al menos lo oyera en el fondo mientras hacía sus cosas. Lo que no me esperaba era que yo terminara juquiao con ese cassette. Y eso que Arjona estaba bien lejos de lo que pensaba que me podía gustar.

Pero Arjona tiene esa manera de escupir verdades disfrazadas de contradicción.
No fue su voz ni el ritmo lo que me atrapó. Fue la letra. Las metáforas, las ironías, las imágenes que te hacen pensar y dudar a la vez. Uno se ríe y se queda callao en la misma línea. Eso me impactó. Y aunque no hubo una sola canción que marcara el momento, todo fue pasando poco a poco. Con el dinerito que me ganaba de chamaquito, iba a la tienda a comprar la música que yo seguía... y si veía algo de Arjona, lo compraba también. Cada vez salía más impresionado.

Yo hago hip hop. Trap. Calle.
Pero Arjona está en mí. Lo está cuando cuido lo que escribo.
Cuando me siento con una guitarra y dejo salir algo melódico como Parece Que Fue Ayer. Cuando juego con dobles sentidos. Cuando no quiero sonar inteligente, pero no puedo evitar escribir con peso. No hago lo que él hace, pero él me enseñó que las palabras bien puestas valen más que cualquier pista.

Nunca le he hecho un homenaje directo. Tal vez no lo haga.
Pero en cada línea que escribo con intención, en cada verso que reviso tres veces, él está ahí.
Porque en algún momento, sin esperarlo, su música me enseñó a mirar la letra con otros ojos.

Influencias: Tego Calderón – El feo más duro del género 

No recuerdo exactamente en qué momento escuché a Tego Calderón por primera vez, pero sí sé quién me lo enseñó: Jaime RS. Y aunque la memoria puede jugar con los detalles, estoy casi seguro de que la primera canción fue “Mi Entierro”.

No creo que fuera en el álbum El Enemy de los Guasíbiri. Me parece que salió en algún mixtape de esos que llegaban en CD, o tal vez en un álbum de productor con varios cantantes. En fin, lo que sí recuerdo con claridad es que me quedé impresionado con ese tema… y todavía ni sabía quién era Tego.

Mi Entierro tenía algo que no se explicaba fácil. Un sabor bien de aquí, un flow salseao, afrocaribeño, pero con ese palabreo puro de calle, impecable. Jaime me decía: “Bro, este tipo es feeeeoooo”. Y cuando vi su primer video… ¡tenía razón! Con los dientes separados y feíto de verdad. Pero tenía un piquete, y ese swing de tipo que no le importaba un carajo. Y cuando lo escuchabas, se acabó to'. Era un fenómeno. Puro Hip Hop.

Y aunque físicamente no se parecía al típico artista comercial, lo que importaba era lo que venía a hacer: quedarse con to’. Y así fue.

Ese tema, Mi Entierro, me marcó para siempre. No solo por la letra, sino por cómo se sentía: era la calle, la cultura, el orgullo boricua metido en una sola canción. Y encima de eso, le daba respeto a los que vinieron antes, algo que siempre he valorado.

Hoy día, cuando escuchas mi tema Borinquen Bella, que es hip hop con salsa y con la esencia del jíbaro, no hay duda de que esa semilla la sembró el señor Tego Calderón en mí, junto a otros como Hector y Maelo. Está en mi ADN musical.

Es difícil compararme con él, porque lo que yo hago está influenciado por muchas cosas, pero Tego es uno de esos modelos a seguir que uno revisa de vez en cuando. Hay ocasiones donde estoy escribiendo, y me pregunto: ¿qué hubiera hecho Tego aquí? Aunque luego tome otro camino, esa consulta queda ahí.

También me identifico con él en otros aspectos. Tego habló sin miedo del discrimen racial. Él por ser negro y boricua; yo, por ser mitad árabe. En una época donde criticar a los negros es socialmente inaceptable, ser árabe todavía permite que te tilden de terrorista sin pensarlo dos veces. Así que sí, entiendo parte de lo que él representa. Y respeto todavía más el orgullo con el que resaltó a Loíza, como yo hago con mis montañas y jibaritos de Ciales.

Tego no es solo un artista. Es un punto de inflexión en nuestra historia musical. Una voz que desafió moldes y nos abrió camino.
Un feo con swing… el más HP del género.


Menciones honoríficas:

Aunque no es el enfoque de esta semana, no puedo dejar fuera a Eddie Dee. Lo escuché antes que a Tego. Señor Oficial, Censurarme por ser rapero, esos temas me tocaron. Eddie no fue una influencia directa, pero estaba presente en esa era. Produjo artistas, dejó huella, y hasta tuvo que ver con palos como La Gasolina. El respeto también va pa’ él.

Influencias: Will Smith - Fresh Prince de Bel-Air 

 

No sé exactamente cómo descubrí The Fresh Prince of Bel-Air. Sé que fue en esa misma época en que daban Full House y Saved by the Bell. Tal vez fue Jaime RS quien me lo mostró, o por lo menos fue con él con quien más lo veía. Lo cierto es que ese show terminó marcando mucho más que mis tardes frente al televisor. Fue una puerta —a veces criticada, otras veces incomprendida— hacia una cultura que, aunque ya vivía conmigo, ahí tomó una nueva forma: el Hip Hop.

No fue su música lo que me atrapó primero. Fue la actitud. El estilo. La ropa. El hecho de ser cool incluso cuando uno no encajaba. Y sí, podemos debatir si Will Smith representa o no al Hip Hop, y aunque muchos puntos en contra son válidos, hay algo que no se puede discutir: Fresh Prince llevó la cultura Hip Hop a toda una generación que nunca había tenido contacto con ella. Eso ya es influencia.

La canción del intro, incluso en su versión doblada al español, era puro entretenimiento. Y aunque su carrera musical —desde DJ Jazzy Jeff & The Fresh Prince hasta Will Smith como solista— está llena de éxitos, en mi caso, fue el show el que me sembró algo. Me enseñó que uno podía ser rapero y actor. Que uno podía jugar con los géneros, los medios, los formatos… y que eso también era parte del juego.

Y sí, soy rapero. Y en algún momento también fui actor. No descarto volver a la actuación. A lo mejor eso también se lo debo, de alguna manera, a él.

Y si hablamos de paralelismos, el Fresh Prince y yo compartimos algo: Will tuvo problemas con gente de la calle, y su mamá lo mandó a Bel-Air para protegerlo. En mi caso, mi mamá, temiendo que me perdiera en la calle, me envió al Bronx a casa de titi Esperanza. Tal vez no era una mansión en Bel-Air, pero fue un intento de salvación. Y eso queda.

Me da lastima verlo cancelado por ese momento con Chris Rock. Porque aunque no me gusta hablar de eso, lo cierto es que defendió a su esposa. Y eso, aunque lo haya hecho mal, tiene peso. Yo también admiro a Chris Rock, pero uno como hombre tiene derecho a proteger a su familia. El problema es que todos sabemos que Will vive una relación tóxica, y que hay detalles en su vida personal que no son muy admirables. Aún así, ¿ese es el motivo para cancelarlo? Hay muchas otras razones, de las que no voy a hablar en este momento, que hacen a Will Smith mas cancelable. No debería ser por proteger a su familia, así su esposa sea tóxica o no.

Fresh Prince me dejó claro que el Hip Hop puede entrar por la puerta de la comedia, del drama, del estilo. Y que influenciar no siempre tiene que ver con barras o beats. A veces es un personaje, una historia, un momento que se queda contigo.

Menciones honoríficas

Hoy quiero mencionar a Vanilla Ice y MC Hammer.

Vanilla Ice fue parte de mi infancia. Lo escuché, pero no me marcó. Con el tiempo entendí que era un personaje creado para vender rap a niños blancos ricos. Y aunque no creo que el problema fuera que fuera blanco, sí lo fue el hecho de que adoptara un personaje falso, casi burlón, para lucrarse de una cultura que no entendía ni vivía. Su historia es interesante por los temas de copyright, pero de ahí a que sea una influencia... nah.

MC Hammer es distinto. Se le criticó por hacer música "para blancos" y por no ser “real”. Pero eso, para mí, es ser real con uno mismo. Y aunque los rumores dicen que era un gangster muy poderoso de verdad, él eligió ser inspiración. Eso tiene un valor inmenso. Lo que hizo por su comunidad, contratando a su gente cuando tuvo fortuna, fue admirable, aunque su falta de estrategia le costó todo.

Eso también me dejó una lección: para ayudar a los demás, primero tienes que saber ayudarte a ti mismo. Si no, te quedas sin nada, y tu gente también.

Su época con Death Row me pareció desconectada de quien él era. Sacó un disco gangsta, pero yo no compré ese personaje. No porque no me gustara el gangsta rap, sino porque no sentía que fuera auténtico en él. Con los años he entendido que tal vez sí hablaba desde lo real, pero no era lo que él quería transmitir al mundo. Y eso es importante.

A veces lo que vives no es lo que eliges compartir. Y en eso, también hay conciencia.

Influencias: Aerosmith - Por que yo también estoy Crazy  

 

No recuerdo con claridad qué llevé yo a aquella presentación escolar. Puede que haya sido algo del soundtrack de Dangerous Minds o de Teenage Mutant Ninja Turtles. Pero lo que sí recuerdo —con precisión quirúrgica— fue lo que llevó mi prima Ivette: Get a Grip de Aerosmith.

En ese momento pensé que era una charra por escoger una banda de rock. Yo, envuelto en ritmos urbanos, jamás imaginé que terminaría convertido en fan de una banda que, hasta ese día, me parecía fuera de mi mundo. Pero algo cambió. Sin darme cuenta, esa semilla quedó sembrada.

Era la época dorada de MTV. Empezaron a llegarme sus videos: Crazy, Amazing, la trilogía visual con Alicia Silverstone y Liv Tyler, la hija de Steven Tyler. Ahí me atraparon. La actitud de la banda, la voz rasposa pero melódica de Steven, las guitarras de Joe Perry, el flow roquero… Aerosmith me fue envolviendo poco a poco hasta que terminé juquiao con casi todo lo que hacían.

Lo más curioso fue que no los descubrí desde sus comienzos, sino al revés: iba comprando álbumes más viejos cada vez, y cada disco me mostraba una nueva faceta. Me impresionó saber que mantuvieron casi siempre su alineación original y que, lejos de quedarse atrás, lideraban las nuevas épocas sin perder su esencia.

Antes de ellos, no escuchaba rock. Pero Aerosmith me abrió esa puerta. Me dio una etapa en la vida donde me convertí en roquero por un rato, dejando a un lado todos los géneros que había amado antes. Esa fase me llevó a descubrir otras bandas, otros mundos. Y aunque eventualmente regresé al rap —mi primer amor—, la huella quedó.

No puedo señalar algo específico de su sonido que haya copiado, pero sí sé que son parte de mi ADN musical. En ciertos momentos de mi carrera, noto detalles en lo que hago que vienen directo de esa influencia. Tal vez su mayor impacto fue inspirarme a estudiar música seriamente, a querer entender teoría, a aprender instrumentos. Porque ellos sabían lo que estaban haciendo. Y yo también quería saber.

He intentado rendirles homenaje en proyectos que, por ahora, no han salido a la luz. Pero sé que algún día lo haré de forma más evidente.

Compararnos no sería justo. Yo vengo de otra cultura, otro entorno. Pero si hay algo en común, tal vez es que cuando produzco un beat, sí pienso en teoría musical, en armonía, en estructura. Y en no tenerle miedo a cruzar fronteras sonoras.

Lo que más valoro de ellos, y que mucha gente tal vez pasa por alto, es esa obsesión por hacer música bien hecha, sin atajos. Y su capacidad para romper barreras: Walk This Way con Run DMC fue una prueba de que el rap y el rock podían coexistir. Desde ese momento supe que no había reglas. Solo arte.

Influencias: Don Chezina – Porque Estamos Bien Guillao de Gangster 

 

No recuerdo bien la primera vez que escuché a Don Chezina. Solo sé que fue aquí en Puerto Rico, cuando todavía era un chamaquito.
Recuerdo que la música de él estaba en todas partes, y al tiempo nos enteramos que era primo de un primo mío —Gordi Flow—, con quien hago música también.
La vida tiene esas conexiones raras que uno no ve venir.

En esos tiempos, Don Chezina era otra cosa.
Hoy la gente ve a Bad Bunny como el más grande del género, pero en aquel momento, en aquella época, Don Chezina era el que la estaba montando.
Obviamente en una escala más pequeña, porque el género urbano apenas estaba empezando a gatear, pero para nosotros, en la isla, él era el movimiento.

Era la época dura de The Noise, Playero, La Industria, Pina Records... un tiempo donde todo se sentía crudo, nuevo, sin fórmulas.
Y aun dentro de todo eso, Don Chezina se sentía diferente.
Su estilo, su voz, su flow, su manera de montarse en los ritmos, todo tenía un sello que uno reconocía al momento.

Aunque nunca me lo propuse consciente, siento que Don Chezina forma parte de mi ADN musical.
Hay cosas que escribo, hay flows que me salen natural, que cuando los analizo bien, sé que vienen de aquella época escuchándolo a él.
Influencias que uno carga sin darse cuenta.

Ya he tenido la oportunidad de hablar con él algunas veces, gracias a la vida y a esas conexiones familiares que uno lleva en el camino.
Y aunque ahora uno mira todo desde otra perspectiva, el respeto sigue intacto.
Don Chezina no solo representa un sonido; representa un momento de nuestra historia que nos formó, nos endureció y nos enseñó que la música, igual que la vida, es para los que se atreven.

Influencias: Vico C - Fue por un Viernes 13 

 

Yo era un chamaquito. Un nene en Santa Clara, Ciales.
No recuerdo haber sentido un impacto inmediato… pero sí recuerdo que “Viernes 13” fue la primera canción de rap que me aprendí completa, palabra por palabra.

En ese tiempo todos éramos fanáticos de Jason, y de momento Vico trae a Jason a Puerto Rico con un storytelling brutal. Más aún para la época. Él no era solo un rapero, era un pionero, un tipo que estaba creando algo nuevo, no imitando lo que ya existía. Puede que alguien haya salido antes, puede que no. La verdad es que nadie sabe con certeza. Lo que sí es indiscutible es que Vico fue el primer rapero famoso en español, y al sol de hoy, sigue activo de una forma u otra.

Para mí, fue más una cuestión de cultura que una influencia directa en ese momento. Puerto Rico vivía el hip hop desde su raíz, y eso se sentía. El triángulo del Hip Hop en el Boogie Down Bronx —moreno, jamaiquino y boricua— estaba presente, y todos escuchaban lo mismo: I Will Survive, El Cantante, Is This Love. Pero Vico fue el primero en hacerlo en español, no una palabrita aquí y allá — no — él le dio forma al delivery, al estilo, al juego completo en nuestro idioma.

Recuerdo también el sonido de esos días. En mi casa sonaba Juan Gabriel, Franco De Vita. Mi abuelita lloró cuando Héctor Lavoe se tiró de un hotel en El Condado. La salsa estaba en su apogeo. Los power ballads de rock también. Vendían esos mix tapes por volúmenes y era otra época, otro sonido. Pero nadie estaba rapeando en español. Nadie como él.

Como artista, Vico no me cambió de inmediato — yo no estaba en modo artista todavía — pero probablemente, sin él, lo que hago hoy tal vez lo hubiera hecho en inglés. Y aunque no creo que él me haya “enseñado” directamente, sí puso la vara bien alta desde el principio. Y qué bueno que fue así. Porque cuando tú arrancas con Vico, tú entiendes que esto se trata de decir algo.

En mi música hoy, el que sea en español es parte de esa herencia. Y eso cambia todo. Las reglas de liricismo cambian, el ritmo cambia, la métrica se transforma. Es otro idioma, otra historia.


Menciones honoríficas

No puedo dejar de mencionar a Rubén DJ
La verdad, al principio yo hasta pensaba que él era primero que Vico, porque lo escuché antes.
Rubén era más para chamaquitos — en casa me dejaban escucharlo sin problema. No puedo decir que me marcó musicalmente, pero sí fue con su cassette de las tablas de multiplicar que me las aprendí... rapeándolas con él. Y eso, mi gente, también cuenta.

Y El General, bueno... El General era otra cosa.  Él hacía dancehall en español. No sé si fue el primero, pero sí fue el más emblemático. Su flow, su nombre, su estética... El hombre marcó una época. Y muchos empezaron a imitarlo. 
Cuando los raperos en Puerto Rico, empezaron a montarse en pistas de dancehall, ahí nació lo que hoy llamamos reggaetón. Un subgénero que viene del hip hop, pero con su identidad cultural e histórica propia, autóctono de Puerto Rico.


Cierre

Hoy no conecto con Vico igual que antes.
Le tengo respeto, más por lo que representa que por lo que hace. Hoy día lo siento muy regañón, y no creo que sea la mejor forma de llevar el mensaje. Así que mejor... se le respeta por quien fue, y se le ignora en eso otro.

Pero sí le diría a la nueva generación, especialmente a los que están metidos en el género urbano:
escuchen a Vico, entiendan de dónde viene esto. No para copiarlo.
Sino para adoptar lo que vale la pena y llevarlo más lejos.
Eso es lo que toca.