
La Flaca sonaba por todos lados en Puerto Rico. Pero quien de verdad me tenía escuchando a Jarabe de Palo era mi primo Víctor Manuel. Él era fanático de ese grupo —o más bien de Pau Donés, porque siendo real, nadie se acuerda de otro nombre de esa banda.

En ese tiempo, el rock en español estaba pegado. Pero lo de Jarabe tenía otro flow. Era como un rock con blues, con otro swing. Distinto a todo lo que estaba sonando. La voz de Pau, las guitarras… uno sentía que no era la misma fórmula. Era algo con identidad.
La canción que me marcó fue La Flaca. Tal vez porque fue su palo más grande, o tal vez porque, bueno… me gustan las flacas. Pero fuera de relajo, ese tema tenía algo especial. No sé si era el mood, el delivery, o ese flow entre calle y poesía que tenía Pau. Pero se quedó conmigo.
Y aunque mucha gente no lo note, esa influencia está en mi ADN musical. Tal vez no la pilles de primera, pero si prestas oído a ciertas instrumentaciones o a la forma en que mezclo géneros, puede que te des cuenta.
Le rendí homenaje en mi estilo. Hice un cover de La Flaca con salsa, bolero, reggaetón y hip hop. Y aquí viene lo loco: en un Spotify Wrapped de artista, me salía como si yo hubiera colaborado con Jarabe de Palo ese año. Al principio pensé que era un bug, pero después encontré que parece que alguien del equipo —o el mismo Pau, ojalá— compartió mi versión. Spotify lo leyó como colaboración. Nunca sabré si fue él. Pero me gustaría creer que sí. Que lo escuchó. Que le llegó. Que lo aprobó.

Yo no hago lo mismo que él. Pero hay algo que sí compartimos: hacer muchas cosas solo y que parezca que fue una banda entera. A veces soy yo metiéndole a todo, y luego algún pana mete un instrumento extra. Pero el concepto es ese. Completo, real, con esencia.
No somos iguales. Él vino del rock, yo del rap. Pero los dos hacíamos música con sentimiento. Y eso, para mí, es lo que cuenta. No sonar igual. Pero dejar huella igual.